¡Feliz Día del Padre! / Happy Father ‘s Day!

¡Feliz Día del Padre!

 

Durante mi primer trabajo, encontré una plaza como vendedor de mostrador en una pastelería. Al ser mi primer trabajo, mi mamá se encontraba nerviosa con que algo fuera a sucederme, sobre todo al ser cajero y estar encargado del dinero. Es por eso que mi papá se ofreció a acompañarme durante las tardes en el local. Mi papá trabajaba de 9 a 5 pm pero, a pesar de terminar cansado y con ganas de llegar a la casa a relajarse, saliendo del trabajo se pasaba a la pastelería a acompañarme hasta que terminara mi turno a las 9 de la noche, para cuidarme a mí y que mi mamá estuviera tranquila. 

 

    Un día, un domingo me parece, estábamos atrás del mostrador esperando a que llegara algún cliente. Fue entonces cuando un señor de 40 años, con un bigote negro, una gorra y playera blanca entró a la pastelería. Su ropa denotaba su profesión, pues estaba manchada de cemento; era un albañil. Tenía una maleta chiquita color rosa de alguna caricatura, que desconozco si la usaba porque alguno de sus hijos la había dejado de usar o  porque era un buen recuerdo de su familia, que me dio a entender que tenía hijos. Entró emocionado y con una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó, sudorosopues el sol estaba en su punto más alto, y nos preguntó por los precios de los pasteles de chocolate. Mi papá se quedó sentado observándolo, pues a fin de cuentas yo era el trabajador, él sólo me acompañaba para no estar solo. Me preguntó por el pastel de chocolate más grande que tenía. Le contesté con los precios, y sí, se llevó el pastel más caro de todos. 

 

    Yo me limité a hacer la transacción, recibí el dinero y mientras estaba haciendo el ticket y contando el cambio, mi papá dejó su postura taciturna y empezó a hablar con él. Siempre estoy ensimismado, por lo que no reparé en la conversación, pero sí me percaté de que estaban platicando. Terminé de contar el dinero, le entregué el cambio, que no era mucho pues el pastel que eligió era el más costoso. El señor se limitó a sonreirnos, agradecernos e irse. Se volteó y se despidió con la mochilita rosa rebotando a su espalda, dirigiéndose a tomar el siguiente camión que lo llevaría a casa.

 

    Mi papá siempre ha sido muy diplomático y social, lo que le da una gran facilidad para entablar una conversación prácticamente con cualquier persona; es por ello que no me sorprendió que platicara con el cliente, pues siempre que llegaba alguien nuevo al local mi papá aprovechaba la oportunidad para conocer nuevas personas. Pensé que este sería otro de esos clientes que mi memoria no se preocuparía en recordar, pero la charla que tuvo con mi papá hizo que, hasta el día de hoy, lo recuerde. 

 

    Antes de concretar esta historia, y explicar la razón por la que la estoy contando el día de hoy, hay que aclarar ciertos puntos. Debemos destacar que era domingo, lo que ya significa un peso muy grande, pues nadie realmente quiere trabajar el último día de la semana. Ahora bien, también es necesario remarcar que era medio día y era más que obvio que había acabado de terminar su turno en la obra, razón por la cual estaba sudoroso y jadeante. También es entender que su ropa delataba que era un albañil, y que en México, el salario promedio de esta ocupación es de $253.7 al día. Y, finalmente, el pastel que eligió llevarse costaba $350, es decir, el equivalente a día y medio de su trabajo.

 

    Volteé a ver a mi papá tras la compra de este señor, y lo noté distinto; me costó unos minutos entender que era porque se encontraba conmovido. Fue entonces cuando mi papá me contó qué es lo que habían platicado. Me dijo que el señor, en efecto, acababa de salir de la obra, y que le confió a mi papá que ese día estaba muy emocionado pues era el cumpleaños de su “peque”, a quien le había prometido comprar su pastel favorito para su “día especial”, de chocolate extra, sin importar el precio, y sí, se había llevado el extra grande. Yo no había entendido por qué le había causado tanto sentimiento, pues yo era apenas un adolescente de 15 años estudiando la preparatoria. Es así que mi papá me hizo ver que ese gesto de haber estado ahorrando dinero para cumplirle la promesa a su hijo es lo que le hizo darse cuenta de lo mucho que un padre puede amar a sus hijos. 

 

    Todo esto se debe a que, tristemente en México, y probablemente en el resto del mundo, la albañilería es una ocupación no muy bien remunerada, por lo que la familia quizá no se encontraba en la mejor situación económica. Sin embargo, este señor hizo hasta lo imposible, quizá trabajar horas extras, seguramente haber ahorrado dinero de donde pudiera, posiblemente haber apartado el dinero de su comida para poder así ver a su “peque” disfrutando de su pastel de chocolate extra en su “día especial”, tanto pastel como quisiera. 

 

    Esta es una historia que podría parecer muy sencilla, pero para mi significó mucho, tanto que la sigo llevando conmigo a donde sea que recuerde a mi papá, y sus palabras “no hay nada que un padre no haría para ver a su hijo feliz”. No lo entendí en su momento, pues mi única obligación era recoger mi cuarto, pero conforme he ido creciendo, en verdad me gustaría llegar a vivir esa sensación en algún momento de mi vida, tal y como mi papá me la describió y siempre me ha demostrado para conmigo. ¡Gracias pa! Porque, es verdad, lo he visto sacrificar muchas cosas con tal de verme a mí seguir adelante, tantas que estoy seguro jamás podré agradecerle como realmente se merece. Se lo he dicho, pero me insiste que lo único que necesita es verme feliz y crecer, no necesita nada más. 

 

    Como este, hay muchos ejemplos de papás que darían todo por cuidar y proteger a sus hijos. En internet podemos ver videos de papás que, sin importar su altura, complexión o edad, reaccionan al instante en cuanto ven a sus hijos estar en peligro, sin importar si ellos se caen primero, con tal de que su hijo no caiga al piso sino sobre él para poder estar a salvo. Aunque estén dormidos, siempre les nace ese sexto sentido cuando alguno de sus hijos está en peligro y reaccionan en segundos, para que su “peque” no se lastime. 

 

Cuando pensamos en la palabra “papá” es un contraste muy distinto al de “mamá”. “Mamá” connota cariño, afecto, calor, y para muchos probablemente sea igual para “papá”, pero para otros “papá” es sinónimo de protección y seguridad. Vienen de todos los tamaños, colores y formas, pero siempre estarán dispuestos a saltar al barranco con tal de regresarte a la orilla y evitar que te caigas. 

 

    Hoy en día, los papás ya están dejando el arquetipo del siglo pasado sobre cómo un “padre ejemplar” debería ser: autoritario, distante, proveedor, y se están haciendo ya vínculos afectivos profundos con sus niños, ya más cercanos a la familia. Los papás ya no son las figuras externas que son los “castigadores”, sino ya se busca un papel más activo dentro de la familia, el cual se está logrando. Es por esto que, así como una mujer llamada Sonora Smart homenajeó a su papá el 19 de junio de 1909 en Estados Unidos, más de 110 años después seguimos festejando a nuestros papás. 

 

    Este año, igual que el anterior, quizá no exista la posibilidad de regalarle una camisa, unos zapatos, una corbata o una cartera, pero no olvides darle un abrazo a tu papá, que desde ese día entendí que, para un padre, un abrazo de su hijo o hija, verdaderamente, representa todo el mundo. De parte de Spanish Training Academy:

 

¡Felicidades, papás!

 

Happy Father ‘s Day!

 

During my first job, I found a position as a counter salesman at a cake shop. As it was my first job, my mom was nervous that something would to happen to me, especially by being a cashier as a teenager. That is why my father offered himself to accompany me during the afternoons at the shop. My dad worked from 9 to 5 pm but, despite ending up tired and wanting to get home to relax, he would go to the cake shop to be with me until my shift ended at 9, so my mom and I would be more calm.

 

One day, I think it was a Sunday, we were behind the counter waiting for customers to arrive. It was then that a 40-year-old man, with a black mustache, a cap and a white shirt, entered the bakery. His clothes denoted his profession, for they were stained with cement; he was a mason. He had a small pink suitcase from a cartoon, which I don’t know the reasons he used it for; maybe because one of his children had stopped using it or because it was an item that reminded him of his family. He was really excited and entered the room with an ear-to-ear smile. He came over, sweaty — for the sun was at its highest — and asked about the prices of the chocolate cakes. My dad was still sitting, watching him, because, in the end, I was the one working at the cake shop, he was only there to accompany me so I would not be alone. He asked me about the biggest chocolate cake I had. I told him with the prices, and yes, he took the most expensive cake of all.

 

I just completed the transaction. I received the money and, while I was printing the ticket and counting the change, my dad left his seat and started talking to him. I am always lost in my own thoughts, so I did not pay attention to the conversation, but I did realize that they were talking. I finished counting the money, I gave him the change, which was not much because the cake he chose was the most expensive one. The man just smiled at us, thanked us and left. He turned back and said goodbye, with the little pink backpack bouncing behind him, heading to catch the next bus that would take him home.

 

My dad has always been very diplomatic and social, which makes it easy for him to start a conversation with practically anyone. That is why I was not surprised when he talked with the client, because whenever someone new came to the place, my father took the opportunity to meet new people. I thought this would be another one of those clients that my memory wouldn’t bother to remember, but the chat he had with my dad made me remember him to this day.

 

Before finishing this story, and explaining the reason why I am telling it today, certain points must be summed up. We must emphasize that it was Sunday, which already means a very heavy burden, because no one really wants to work on the last day of the week. Now, it is also necessary to note that it was noon and it was more than obvious that he had just finished his shift at the construction site, which is why he was sweaty and his clothes were all painted. It is also to understand that his clothes revealed that he was a mason, and that in Mexico, the average income for this occupation is $253.7 MXN  ($12.45 USD) a day. And finally, the cake he chose to purchase cost $350 MXN ($17.18 USD), which is the equivalent of a day and a half of his work.

 

I turned to see my dad after this man came in, and noticed him differently; it took me a few minutes to understand that it was because his heart had just been touched. It was then that my dad told me what they had talked about. He told me that the man, indeed, had just finished his Sunday shift, and that he trusted my father enough to let him know that he was very excited because it was the birthday of his “little one”, to whom he had promised to buy his favorite cake for his “Special day”, extra chocolate, regardless of the price, and yes, he had taken the extra large. I had not understood why it had caused him so much feeling, since I was just a 15-year-old teenager studying high school. This is how my father made me see that the gesture of having been saving money to fulfill the promise to his son is what made him realize how much a father can love his children.

 

All this is because, sadly in Mexico, and probably in the rest of the world, masonry is an occupation that is not very well paid, so the family may not have been in the best economic situation. However, this man did the impossible, perhaps working overtime, probably saving money wherever he could, possibly having set aside the money for his food so that he could see his “little one” enjoying his extra chocolate cake on his ” special day ”, as much cake as his toddler could eat.

 

This is a story that, at first glance, might seem very simple, but it meant a lot to me, so much that I keep taking it with me whenever I remember my dad and his words “there is nothing a father would not do to see his son happy”. I did not understand it at the time, my only responsibility was to clean up my room, but, as I have grown, I would really like to experience that feeling at some point in my life, just as my dad described it to me and he has always pledged. Thank you dad! Because, it is true, I have seen him sacrifice many things in order to see me move on, so many that, I am sure I will never be able to thank him as he really deserves. I have told him, but he insists that all he needs is to see me happy and grow, he does not need anything else.

 

Like this one, there are many examples of dads who would go out of their way to care for and protect their children. On the internet we can see videos of dads who, regardless of their height, complexion or age, react instantly when they see their children are in danger, notwithstanding if they fall first, as long as their child does not fall to the floor but on him so he can be safe. Although they are asleep, that sixth sense is always born in them when one of their children is in danger and they react in seconds, so that their “little one” does not get hurt.

 

When we think of the word “dad” it is a very different contrast to “mom.” “Mom” connotes affection, warmth and, for many, it is probably the same for “dad”, but for others “dad” is synonymous with protection and security. Dads come in all sizes, colors and shapes, but they will always be willing to jump into the cliff in order to get you back to shore and prevent you from falling.

 

Today, fathers are already leaving the archetype of the last century about how an “archetypal father” should be: authoritarian, distant, provider, and deep emotional ties are already being made with their children, so dads are already closer to the family. Fathers are no longer the external figures who are the “punishers”, but a more active role within the family is sought, which is being achieved. This is why, just as a woman named Sonora Smart honored her father on June 19th, 1909 in the United States, more than 110 years later we continue to celebrate our dads.

 

This year, like the previous one, there may not be the possibility of giving him a shirt, shoes, a tie or a wallet, but don’t forget to give your dad a hug, since from that day, I understood that, for a father, a hug from his son or daughter truly represents the whole world. From Spanish Training Academy:

 

Congratulations, dads!

 

Autor/Author: Victor Castañeda

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